¿Por qué te vas?

Siempre es más sencillo ilusionar a alguien que cumplir con sus expectativas.

En el mundo startup estoy descubriendo algo muy curioso: el CEO es capaz de poner absoluto foco, delicadeza y cariño en la construcción de una oferta de trabajo bien equilibrada, especialmente cuando se tiene claro que hay fichar a ese candidato porque encaja perfectamente en esa necesidad. Ahora bien, los problemas vienen después, cuando el candidato está dentro y se convierte en colaborador, incluso en socio en algunos casos, y no tenemos mucho más que ofrecer que lo que ofrecen el 95% de startups y que ya hoy es un eslogan manido y vacío: “buen ambiente, entorno joven y un proyecto que te hará millonario” (ojo, desde que trabajo en este ecosistema salgo a potencial millonario al día, aunque millonarios de verdad sólo he conocido a uno en medio año… pero bueno, el “overpromise” en este sector da para otro post del blog)

Retomando. Es alarmante ver como muchos de los CEO de startups se preocupan antes de la propuesta económica, o el equity, que en pensar por qué sus mejores colaboradores se van a quedar con él.

Hace poco le preguntaba a un emprendedor: ¿por qué tus futuros empleados van a trabajar en tu empresa?; la respuesta estaba clara: tengo el mejor proyecto, tengo el mejor equipo, tengo los mejores socios… bla, bla, bla… (yo pensaba aquello de “qué tendrá mi hijo feo que yo no se lo veo”) Sin embargo, cuando le pregunté por qué nunca le iban a querer dejar, comenzaron los titubeos…

Me gustaría compartir sólo 5 claves, desde mi visión, sobre qué podrías hacer para no tener que decirle a nadie de tu equipo nunca la famosa, a la par que triste frase: “¿Por qué te vas?”

1.- Da valor, de verdad, a tu Misión: ¿De verdad tienes un equipo que se emociona con lo que hacéis? ¿de verdad has hecho tu mejor esfuerzo por hacer que cada uno de tus empleados entienda la profundidad y el impacto de lo que estáis consiguiendo? Diferénciate del resto de CEO: ve más allá, pregúntales por qué trabajan allí y que te contesten de forma anónima. Recorre la milla extra.

No dejes que tu Misión sea la típica parrafada bonita en tu web, crea un sistema que la ponga en valor, conecta a tu equipo con ella, haz que se emocionen y convierte a tu colaborador en embajador. Pregúntate ¿mañana, cuantas acciones voy a poner en marcha que estén relacionadas con nuestra Misión? si son pocas, cuidado, habéis perdido el foco; y si son muchas ¿por qué no le das visibilidad en interno?

Cuando trabajé en Apple, cada mañana teníamos lo que llamamos el Daily Download. Era una reunión de no más de 10 minutos de duración, donde todos los mánager de la compañía hablábamos con nuestros equipos en su totalidad sobre temas importantes. Estos temas podían variar, pero nunca debía faltar algo: en esa charla teníamos que inspirar, a través de la Misión, y aprovechar para no perder la oportunidad de compartir el porqué de haber decidido hacer esto juntos. En nuestro caso: por qué Apple quería cambiar la experiencia de compra en retail, yendo más allá, creando una experiencia de compra única con un eslogan: enriching lives.

2.- ¿Desarrollas o congelas? Seamos serios. Diseña con rigor el plan de desarrollo de cada uno de los miembros de tu equipo, observa si tienes un equipo “congelado” repitiendo tareas (aunque las hagan mejor cada vez, eso es un espejismo, están congelados haciendo lo mismo) o tienes un equipo que se atreve a jugar partidos difíciles en canchas que no han pisado nunca. No es sólo actitud, es preparar la actitud, provocarla.

Por favor, cuestiónate qué vas a hacer mañana para que cada uno de ellos sea mejor que cuando entró. Ésa es tu principal responsabilidad si tienes un equipo: hacer a tu gente mejor. Me cuesta mucho ver esfuerzos reales por desarrollar a los equipos. Cuando somos los guías de nuestros equipos, debemos investigar sus gustos e inquietudes, sus pasiones, sus competencias ocultas… Hay que obtener esta información y usarla para que crezcan. Créeme, no es cuestión de recursos económicos, sino de querer tener un plan.

3.- Trabaja por objetivos, no por horas: España es un país pintoresco, también en lo laboral. Nos encanta hacer competición por llevar la medalla de hago-14-horas-al-día. Haces 10 y suena entonces la voz del calientasillas oficial: “¿qué? vida de funcionario, ¿eh?”; eso si no se desmarca con un “¿ya te vas?” Sí, amigo, sí. Me voy cuando cumplo con lo que me había propuesto, ¿te sorprende?

Por favor, CEO, mánager, mandos medios, etc… trabajad con vuestra gente por objetivos, no por horas. El trabajo “al peso” es un regalito de la Revolución Industrial, que terminó a principios del S. XIX. La cultura del esfuerzo hoy es otra y debemos enfocarla bien, centrar nuestro mayor esfuerzo en conseguir nuestra mejor versión en nuestro trabajo pero también fuera de él, porque solo así ambas se retroalimentarán y seremos más felices y valiosos en ambos ámbitos. La ecuación es sencilla: equipo más feliz equivale a un incremento de productividad en torno a un 30%. ¿Hora de empezar a valorar cómo de feliz está vuestra gente?

Siempre he sido un defensor a ultranza de algo que me dijo uno de mis mánager: “dame tus mejores 8 horas, organízate como quieras, pero dame tu mejor versión en 8 horas, da ganas a tu equipo de tener algún día tu puesto, haciendo 14 horas lo que les das es miedo”.

4.- Reconoce el trabajo bien hecho: No conozco una herramienta más poderosa para motivar que hacer un buen reconocimiento, genuino y sincero.

Parece algo sencillo, pero ¿cuándo fue la última vez que hiciste un buen reconocimiento a alguien? No, majo, lo siento, no sirve eso de “buen trabajo”. Mira, como responsables de equipos, si dedicásemos el mismo cariño a reconocer con argumentos objetivos a nuestra gente su buen trabajo a como lo hacemos explicando las prioridades de la semana, os aseguro que sus niveles de energía variarían mucho.

Haz este ejercicio: la próxima vez que alguien de tu equipo haga algo que merezca reconocimiento, siéntate, mírale con una gran sonrisa y explícale los motivos con tranquilidad por los que estás orgulloso de tenerle en tu equipo a ese nivel. Esa herramienta es imbatible. No lo olvides, reconocimiento es igual a incremento de confianza en uno mismo.

5.- Sé exigente:  La exigencia es el mejor regalo que como mánager podemos dar a nuestros equipos. No confundamos exigencia con autoritarismo. Los mánager que más nos marcan suelen ser los que más nos exigieron, porque son los que más nos hicieron crecer. El verdadero reto es el “cómo”: exigir es sencillo, pero que detrás de la exigencia haya un porqué y éste sea coherente, es lo que lo convierte en movilizador.

Por último, recuerda, los buenos quieren trabajar con los buenos, así que pon tus 5 sentidos no sólo en traerlos, si no en convertir a los que ya tienes, y verás que ese efecto red es el mejor stopper para una posible fuga de talento dentro de tu equipo y no tener que cantar la triste canción..

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No pares de bailar

Hace casi 6 meses, decidía, con mis 34 tacos, poner mi futuro a bailar con Demium Startups. Nunca he sido buen bailarín, pero en esta etapa de mi vida me importa poco el “qué dirán”: me lancé a la pista.

Decidí abandonar mi envidiada posición y salir de la burbuja de los grandes corporates en los que había estado trabajando, como Apple, Decathlon o Leroy Merlin. Con ello, claro, tuve que decir adiós a mi jugoso salario, lleno de todos esos “beneficios corporativos” que duermen nuestras verdaderas pasiones y aceleran la transformación de niño soñador en adulto zombie.

En estos contextos, la gente te dice que estás loco, que no tienes edad para bailar, que no habrá marcha atrás. Incluso algunos ex-compañeros llegaron a ponerme la zancadilla para empezar el baile desde el suelo, pero eso me ayudó a darme cuenta de algo importante: no me odiaban a mí, odiaban su impotencia.

Pero decidí aprender a bailar. Un baile de incertidumbre, de reto personal, de superación y, sobre todo, de reinvención propia. Salté al mundo startup de la mano de Demium, inventándonos un puesto, el de Talent Director, que nadie entendía y que comprendía un batiburrillo de funciones variadas, aunque todas en la misma dirección: poner el alma en encontrar a los mejores para crear las empresas que construirán nuestro mañana.

Hoy, 180 días después, tras formarme en la mejor secuencia de pasos posible, puedo mirar atrás diciendo que me lo estoy pasando bomba, que soy más feliz y mejor profesional, que desarrollo más rápido y con más profundidad a las personas y, sobre todo, que ahora bailo desde tango a breakdance, porque en el ecosistema emprendedor cada persona tiene su propio estilo de baile y, es curioso, los bailarines del mismo estilo tienden a unirse. Yo tengo la suerte de encontrarme con todos ellos en la pista de Demium Startups.

Después de conocer a más de 250 emprendedores para #Allstartup9, de trabajar en Madrid el #AllstartupGames, de impartir formaciones y charlas, de ir a la radio, de hablar en periódicos, de hacer sesiones y colaborar en muchas de nuestras empresas de las que soy fan (Cuidum, Singularu, Voicemod, Citibox, iAmarre, Wossel y un largo etcétera), después de preparar los fichajes que harán de Demium una marca emprendedora aún más grande, después de ampliar la cartera de mentores para nuestros emprendedores e incluso después de gestionar situaciones de crisis entre socios, puedo decir que sigo desaprendiendo a estar cómodo, que sigo disfrutando de los pisotones, de los tropezones y la incertidumbre de cómo será la siguiente canción, con la pasión del primer día, solo por bailar cada día un poquito mejor.

En Management Pills lo único que busco es compartir aquellas cosas que descubro por el camino y que pongo en práctica, consiguiendo que las personas lideren mejor que ayer y los equipos lo sean más todavía, llevando su potencial al siguiente nivel. Compartir esos momentos que hacen que mi apuesta haya sido ganadora, peregrinando mucho más allá de mi zona de confort, tratando de construir para Demium nuestro propio Entrepreneur Branding.

Bienvenidos y bienvenidas a mi sala de ensayo, ¿bailan?

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